
Hay una pregunta que se repite estas últimas semanas en las conversaciones que tengo con nuestros clientes, tanto mexicanos como europeos o estadounidenses con tráficos hacia o desde México: ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos por El Niño?
Entiendo la duda. Algunos pueden pensar que lo mejor es esperar a ver qué ocurre, pero esa inacción puede implicar un riesgo. En el otro extremo, otros pueden reaccionar demasiado pronto, tomar decisiones sin disponer de toda la información y generar un problema cuando todavía no se ha producido.
Por el momento, lo que sabemos es que hay motivos para que prestemos mucha atención. La Organización Meteorológica Mundial, organismo especializado de Naciones Unidas, prevé que El Niño siga fortaleciéndose durante los próximos meses y ha catalogado su intensidad como “muy fuerte”, con el pronóstico de que alcanzará su máximo hacia finales de año y que persistirá hasta febrero de 2027. En paralelo, comienzan a aparecer estimaciones sobre sus posibles consecuencias económicas y algunos análisis sitúan hasta en un 15% el posible incremento de los costes logísticos.
Pero no creo que sea necesario situarnos en el peor escenario para comenzar a trabajar con tiempo en la planificación de la cadena de suministro. A día de hoy contamos con elementos suficientes para identificar dónde podemos encontrarnos con problemas y decidir con antelación cómo protegernos y en qué momento es más oportuno activar las medidas que correspondan. Así que voy a tratar de responder a las preguntas que más estamos abordando estos días con nuestros clientes en Mimpo.
Las previsiones actuales apuntan a que el impacto no será homogéneo en todo México. El Servicio Meteorológico Nacional prevé mayores lluvias en el centro-norte y noreste durante noviembre y, más adelante, en el noroeste, mientras el Golfo continuará expuesto a episodios meteorológicos que pueden condicionar temporalmente las operaciones.
Desde un punto de vista logístico, esto nos lleva a seguir especialmente los corredores del noreste y la frontera con Estados Unidos, donde Nuevo Laredo es el principal punto de paso para la carga terrestre, además de mantener la vigilancia sobre los grandes puertos del Golfo y del Pacífico. No existe hoy una alerta general sobre estos nodos, pero sí razones para prestar más atención a las operaciones críticas que dependan de ellos.
El primer riesgo en el que podemos pensar es que una inundación, por ejemplo, afecte a una infraestructura de transporte y paralice los tráficos, pero el impacto puede aparecer por muchas otras vías, que en principio pueden parecer muy alejadas de la fase de transporte.
Por ejemplo, una menor producción agrícola o la escasez de una materia prima pueden llevar a las empresas a modificar proveedores, adelantar compras o buscar otros mercados de origen. Cuando estos movimientos coinciden en el tiempo, cambian los flujos de mercancía y puede aumentar la presión sobre determinadas rutas, almacenes o servicios. Por eso, al valorar el riesgo, conviene atender cómo puede afectar el conjunto de la cadena productiva y logística y no únicamente el estado de las infraestructuras de transporte por las que transita la carga.
Revisaría primero las operaciones cuyo retraso pueda tener un impacto real en el negocio y, dentro de ellas, aquellas en las que resulte más difícil reaccionar una vez que la mercancía ya está en tránsito.
Cuanto menos margen tenga una operación para corregirse si algo cambia, más sentido tiene analizarla con antelación. Esto suele ocurrir en tráficos marítimos largos o muy condicionados por una fecha concreta, donde cualquier desviación deja menos capacidad para recuperar tiempo después.

No recomendaría hacerlo de manera generalizada. Avanzar una operación puede ser útil cuando trabajamos con una fecha crítica y sabemos que cualquier desviación tendría un impacto importante, pero también puede generar costes innecesarios si se aplica por sistema.
Lo que estamos haciendo con nuestros clientes es revisar sus tráficos más sensibles y decidir caso por caso. En algunos puede ser suficiente con introducir algo más de margen; en otros, adelantar una salida puede ser la opción más prudente. La clave está en tomar esa decisión antes de que aparezca una incidencia y no cuando la operación ya está en marcha.
Tampoco lo recomendaría de forma global. Tener más stock puede ayudar a absorber un retraso, pero dependerá mucho del nivel de inventario con el que ya trabaja la empresa.
En este caso, me fijaría en la autonomía que tiene la empresa si una llegada se retrasa. Si una mercancía es esencial para mantener la actividad y el inventario disponible solo cubre unos días, reforzar temporalmente ese colchón puede tener sentido. Si la empresa ya dispone de cobertura suficiente, no veo motivos para aumentar existencias.
La clave es no tener que esperar a que una operación esté afectada para comenzar a tomar decisiones, porque entonces las opciones suelen ser menores y más caras. El momento más adecuado es cuando comencemos a percibir señales concretas sobre los corredores que utilizamos y ahí los partners logísticos con experiencia y capacidad propia en México partimos con ventaja.
Conocemos el territorio, las infraestructuras, los flujos, al conjunto de actores de la cadena logística mexicana, y acumulamos mucha más información sobre el estado real del conjunto para poder detectar antes cuándo una situación empieza a complicarse y valorar si conviene ajustar una operación o buscar alternativas antes de que se convierta en un problema concreto para nuestro cliente.
Estamos monitorizando muy de cerca la evolución de El Niño para anticiparnos a cualquier cambio que pueda tener una consecuencia operativa sobre los tráficos de nuestros clientes. Pero, en realidad, nuestra capacidad de respuesta ante situaciones como esta la llevamos construyendo desde el año 2000.
La red que hemos desarrollado durante estos 26 años en México, junto con nuestras instalaciones y el conocimiento acumulado por nuestros equipos, nos permite afrontar este tipo de escenarios con una capacidad de reacción muy distinta a la de quien tiene que empezar a buscar soluciones desde cero cuando aparece el problema.
A ello se suma el volumen de mercancía que movemos diariamente en los corredores hacia y desde México, que respalda nuestra capacidad para disponer de espacio y buscar alternativas en las rutas de las principales navieras y aerolíneas.
Nada de esto evitará que pueda ocurrir algún contratiempo derivado de El Niño, pero sí nos permite llegar a ese momento con los deberes hechos. Lo que está en nuestra mano es anticiparnos al máximo para improvisar lo mínimo cuando llegue lo imprevisto.
Si tienes tráficos hacia o desde México y quieres revisar cómo puede afectar este escenario a tus operaciones, contacta con nuestro equipo para analizarlo.