¿Te has planteado que todo producto tiene una historia? Desde que se fabrica hasta que llega a su destino final, hace un complejo recorrido por la cadena de suministro y en cada paso genera información relevante.
Captar y procesar esa información es el objetivo de los sistemas de trazabilidad, fundamentales para el sector logístico.
En este post vamos a explicarte por qué se extiende cada día más la implantación de sistemas de trazabilidad de mercancías, y de qué manera ayudan a garantizar la seguridad, la calidad y la eficiencia del proceso productivo.
Se llama trazabilidad al conjunto de procedimientos, herramientas y sistemas que permiten disponer de toda la información relevante de un producto: origen, ubicación, trayectoria, lote, manipulación, etc.
Es decir, los sistemas de trazabilidad permiten seguir la traza o huella de un producto a lo largo de todo su viaje por la cadena de suministro.
Todas las mercancías hacen ese viaje. Tanto una caja de hortalizas cultivadas en el pueblo próximo al mercado donde van a vender, como un componente de electrónica que recorre miles de kilómetros hasta su destino final.
En el primer caso, ese “viaje” es corto y fácil de rastrear. En el segundo, es posible que nuestra pieza atraviese varias fronteras. Seguramente será un transporte multimodal, porque va a cambiar varias veces de medio y de compañía.
Conocer en cuál es el origen de una mercancía y en qué fase del proceso de producción o distribución se encuentra, permite a las empresas optimizar sus procesos.
Si se ha producido un fallo en la cadena, tener implantado un sistema de trazabilidad permite detectar en qué punto ha sido y resolverlo. Todo ello redunda en un aumento de la productividad y, de cara al cliente, es una garantía de un servicio de calidad.
Antes de nada, debemos decir que no es obligatorio implantar sistemas de trazabilidad en todos los casos.
Las excepciones son los alimentos y piensos en todas las etapas de producción, transformación y distribución. Y también los medicamentos y productos sanitarios. En ambos casos, existen protocolos estrictos de trazabilidad.
Para el resto de los productos no existe obligatoriedad legal. Sin embargo los operadores logísticos han asumido que tener implantados sistemas de trazabilidad es lo más conveniente para dar un mejor servicio y no perder competitividad.
Estas son las principales ventajas:
Se reduce a mínimos el error por control manual de datos.
Se pueden obtener métricas relevantes para la optimización de procesos y la toma de decisiones.
Se gana agilidad y eficiencia en todas las operaciones.
Mejora la seguridad de la mercancía, la calidad del servicio y los riesgos son mucho menores.
Mejora los controles de calidad.
Favorece la transparencia y el flujo de la comunicación, incluso entre distintos operadores.
Genera confianza en el cliente.
Los sistemas de trazabilidad son parte de la digitalización progresiva del sector, en virtud de la llamada logística 4.0. Y las empresas son conscientes de que deben ir implementando estos cambios para continuar siendo competitivas.
Muchas compañías aún están iniciando ese camino, especialmente aquellos operadores logísticos de menor tamaño.
No obstante la tendencia está clara, y el mercado exige un esfuerzo cada vez mayor para ganar calidad, seguridad y velocidad.
Hay básicamente dos tipos de trazabilidad. Según se recoja la información dentro o fuera de la empresa, hablamos de:
Trazabilidad interna. También se llama trazabilidad de procesos. Se refiere a la información relativa al recorrido de un producto dentro de una misma empresa. La traza debe contener datos sobre materia prima, procesos de transformación, etiquetado, almacenamiento o expedición.
Trazabilidad externa. Añade los datos del producto al pasar por las distintas empresas que forman parte de la cadena de suministro. Esto incluye aquellos productos que, dentro de la misma compañía, pasan de un centro a otro ubicado en otro lugar geográfico.
Otra posible clasificación tiene que ver con la dirección de esa información, es decir, si los productos se reciben o se expiden. En este caso hablaríamos de:
Tracing o trazabilidad ascendente. Es la información que consta cuando se recibe una mercancía: proveedor, lote, etc. El destinatario debería poder conocer el histórico del producto desde su origen.
Tracking o trazabilidad descendente. Se refiere a los productos cuando son expedidos por una empresa y se envía al cliente. Contiene datos sobre tipo de carga, lote, ruta, transporte y entrega en destino final, con sus respectivos registros horarios.
De manera resumida, la implementación de un sistema de trazabilidad puede resumirse en dos pasos: un hardware para captar la información y un software para gestionarla.
Veámoslo un poco más de cerca.
¿Cómo distinguimos un producto de todos los demás? ¿Es posible “individualizarlo”?
Es posible. Hay distintos sistemas que sirven para otorgarle a cada producto un DNI único que nos va a permitir seguir su rastro en todo momento.
Los dos sistemas más utilizados hoy en día son el código de barras y la tecnología RFID.
Del código de barras diremos que es ampliamente conocido y se utiliza desde hace décadas para identificar productos con efectividad. Sin embargo, hoy por hoy tiene algunas desventajas importantes:
Es fácilmente manipulable.
Los códigos se deterioran con facilidad.
Necesitan estar próximos a un escáner y en la orientación adecuada.
Requieren intervención humana para su lectura.
Actualmente ganan terreno las etiquetas (tags) RFID, dotadas con un chip en el que se almacena información. Estas etiquetas:
Son más difíciles de falsificar.
Son más resistentes.
Se leen con facilidad.
No necesitan la intervención de un operador.
El ahorro de tiempo y costes es importante. No hay que ir producto a producto escaneando la etiqueta. Simplemente se colocan sensores o arcos en zonas estratégicas, capaces de “leer” las etiquetas RFID en cuanto se aproximen y en movimiento, sin detener el trabajo.
La información no sirve de gran cosa si no se procesa adecuadamente y se establecen canales de comunicación.
Para eso es necesario instalar un software de trazabilidad, es decir, un sistema capaz de procesar en tiempo real los datos obtenidos por las lecturas o los sensores.
Existen distintos productos en el mercado, por lo que en este punto lo conveniente es pedir asesoramiento profesional y analizar cuál conviene implementar.
Además, debe integrarse con el sistema que centraliza la información de toda la compañía: contabilidad, compras, ventas, recursos humanos, almacén, logística…
Dando este paso, se añade mucho valor a los procesos de la empresa, ganando control sobre todas las etapas de la cadena de suministro.
Nos alegra que este post te sirva para tomar decisiones que impulsen tu negocio y te ayuden a crecer.
Puedes contar con nosotros para asesorarte. Ponte en contacto y nuestro equipo profesional resolverá tus dudas y te ayudará en lo que necesites.